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Lo planteó Enrique Pavan, técnico del INTA Balcarce, sobre los nuevos desafíos de la actividad tras los cambios en la reglas de juego.

En los últimos 20 años, la producción de carnes mundial aumentó un 68,71 % (pasó de 149,45 a 252,14 millones de toneladas) y se estima que continúe en alza. En este contexto, resulta clave acompañar la tendencia de la mano del aumento de la producción con calidad y sanidad animal para el comercio internacional.

De acuedo con la estimación de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) los países en desarrollo serán los responsables del mayor incremento en la producción de carnes.

Por eso, para Enrique Pavan, técnico del INTA Balcarce, aseguró que, entre los principales desafíos que se vienen para la ganadería local, se destacan el aumento de la producción, la calidad y la confianza en los mercados internacionales.

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En consecuencia, consideró que si bien la capacidad de expansión del área ganadera en nuestro país es limitada, resulta factible incrementar el número de cabezas faenadas en un 10 por ciento.

“Para lograr esto, detalló, se requiere un buen manejo del rodeo con técnicas de sanidad, nutrición y genética que nos permita incrementar el índice de eficiencia reproductiva del rodeo nacional de 0,60 terneros por vaca a 0,66 y obtener, así, 1.335.894 de terneros más, especificó el técnico.

En la actualidad ya se ve un a recuperación del stock. Según estimaciones del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), en marzo se contabilizó 52.636.778 de cabezas, esto es un 2,3% más que al mismo periodo de 2015.

Asimismo, se refirió a la posibilidad de incrementar el peso promedio de res y pasar de un 20 por ciento de novillos a un 40 por ciento “al incrementar el peso vivo de faena del 20 por ciento de los machos que hoy se faenan como terneros y novillitos en 75 kilos se lograrían 100 mil toneladas adicionales de res con hueso”.

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Para que el producto logrado sea de calidad, explicó Pavan, se debe comenzar a trabajar desde la cría y continuar en la recría y la terminación de los animales.

En cada etapa se define parte del potencial productivo del animal y de las características de calidad de la res/carne.

“Como el aumento de peso de faena conlleva un incremento de los costos de alimentación, es necesario trabajar tanto en la generación de recrías de bajo costo como en mejorar las eficiencias de conversión en los corrales”, sostuvo.

Por último, Pavan destacó que este proceso genera un aumento en carga que requiere el incremento de los niveles de producción, la eficiencia de utilización de los recursos forrajeros y el control de los efectos ambientales indeseables que pudieran generarse.

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