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Pertenecía a los ferrocarriles ingleses y lo llevaron a un pueblo de Córdoba, en 1896. Un vecino lo recuperó y ahora lo exhibirá al público. La pujante localidad de Inriville, en el departamento de Marcos Juárez, Córdoba, fue fundada oficialmente en 1910. Muchos años antes de eso, en 1896, los ferrocarriles ingleses instalaron en el lugar una bomba de agua que funcionaba con uno de los primeros motores diésel fabricados en el mundo. Se trata de una reliquia que no funcionaba desde hace más de 60 años, hasta que un vecino del lugar, Daniel Dezzotti, comenzó a repararlo y logró ponerlo nuevamente en funcionamiento.

 

El próximo 21 de mayo, cuando se festeje un nuevo aniversario de ese pueblito agrícola de poco más de 3.000 habitantes, la sala que desde hace más de un siglo alberga a ese motor será abierta a las visitas del público. Dezzotti confía que muchos amantes de los «fierros» llegarán a observar esa pieza de colección: se trata de un motor «Blackstone» (piedra negra) que pertenece a la primera serie de producción de la empresa británica homónima. Su inventor, Rudohlf Diésel, lo había desarrollado y patentado en Alemania apenas un par de años antes de su llegada a Córdoba, entre 1893 y 1894.

 

«Hoy todo el mundo está movido por motores Diésel y este es uno de los primeros. Es un motor de cuatro tiempos y tres cuartos, que no figura en ningún libro. Tenemos una reliquia dentro del mundo de la mecánica. Yo he visto uno parecido en Arequito (Santa Fe), pero es de la segunda serie», se entusiasma Dezzotti cuando relata la aventura de reconstrucción de este viejo motor, que comenzó en 2013, cuando un grupo de jóvenes de Inriville decidió recuperar el espacio donde se ubica la vieja bomba de agua de la estación.

 

¿Por qué razón los ingenieros ingleses que desarrollaron los primeros trenes en la Argentina habían resuelto montar tan pesado equipamiento en ese paraje perdido del sur de Córdoba? Sencillamente porque a diez kilómetros al oeste de allí había que tender un viejo puente de hierro, de esos que tienen las piezas unidas por enormes remaches. Los británicos utilizaban por entonces enormes martillos neumáticos o percutores, que podían aplicar esos remaches gracias a una intensa inyección de vapor. Ese fuente de energía se obtenía del agua bombeada con el añosmotor, que tiraba una bomba de agua de 3 cilindros.

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