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(27/Feb/17) Con un financista a la cabeza, montaron una falsa empresa de engorde de ganado. Ofrecían 36% de retribución anual y engañaron a por lo menos 99 personas. Hay 4 procesados. Prometían ganancias fabulosas pero era una estafa: se llevaron 11 millones de dólares. Una nueva versión del “Esquema Ponzi”. En la foto, con corbata, el abogado José Martos. Lo rodean sus clientes: Federico Díaz, Juan Martos, Gustavo Encina; Alejandro Baldo, María Martos y Julio Drago.
Llegaron a juntar 11 millones de dólares de más de un centenar de ahorristas, supuestamente para invertirlos en feedlots. Prometían ganancias extraordinarias, de hasta el 36% anual y en dólares. Pero todo resultó un engaño: los administradores de los fondos desaparecieron y los clientes nunca recuperaron su dinero. La Justicia comprobó luego que con el capital reunido se deberían haber comprado cerca de 14.000 animales. Sólo aparecieron 200.
La historia parece una versión criolla del caso Bernard Madoff, el financista de Wall Street condenado a 150 años de prisión por un fraude de 50 mil millones de dólares en 2009. En aquel caso las maniobras eran con fondos de inversión en la Bolsa, mientras que aquí la jugada consistió en simular un negocio con ganado vacuno en campos de Buenos Aires y La Pampa, entre 2008 y 2014. Por el caso hay cuatro procesados sobre los que pesa un embargo de 150.000.000 de pesos. En el medio quedaron decenas de víctimas económicamente destrozadas: algunas juntaban dinero para tratamientos médicos o para la casa propia, y hay quienes perdieron los ahorros de toda su vida.
A Armando Miguel Dalmaso (62) lo definen como “una luz” para los negocios y también como un “contador brillante”. Hasta 2002 trabajó como director de finanzas para el cono sur de una importante multinacional. Según su propio currículum, de allí se fue para fundar Capital Lions Asset Management junto a otros socios, una firma dedicada al mercado Forex. En 2008 sufrió un ACV y dejó la compañía, justo antes de que estallara un escándalo por presunto fraude que aún investiga la Justicia. La causa está radicada en el Juzgado en lo Criminal de Instrucción N° 12, que le dictó a Dalmaso una falta de mérito. Es el mismo tribunal que ahora interviene en la estafa por los U$S 11 millones con las vacas.
Superado el ACV, en septiembre de 2008 Dalmaso compró DG Proyectos, modificó su objeto social e ideó una sofisticada operatoria para captar ahorros y volcarlos “a la producción”. Al frente de la empresa puso a sus hijos Andrés (33) y Federico (29). Y sumó a un socio: Carlos Alberto Varela (59). Todos ellos están procesados ahora por la Sala 7 de la Cámara Nacional del Crimen por el delito de “defraudación por administración fraudulenta reiterada en 99 hechos”.
Para atraer inversores, los Dalmaso y su socio Varela publicitaban los paquetes en la web –donde se definían como “el futuro de los negocios agropecuarios”–, además de contar con un equipo de cinco promotores especialmente capacitados. Decían que se dedicaban al engorde de ganado vacuno a corral (feedlots) o recría a campo con terminación a corral y que “en ciclos productivos a dos años” podían lograr una “rentabilidad neta” del 14% por semestre, más un “adicional” del 4%, según los materiales publicitarios a los que accedió Clarín. El speech era tan convincente que incluso algunos promotores pusieron su propio dinero. Y lo perdieron.
“En realidad se trató de un negocio financiero ilícito, pura y exclusivamente basado en una operatoria que tuvo de pantalla o ‘fronting’ a la sociedad concursada”, describió en su denuncia penal el síndico del concurso preventivo de DG Proyectos, Lauriano Ventura Sánchez.
Con oficinas sobre Alem al 600 y Paraguay al 600, en Capital Federal, DG Proyectos parecía mostrar solidez. Allí recibían en persona a sus potenciales víctimas, que una vez engañadas les entregaban el dinero en mano y firmaban un “contrato de explotación ganadera”.
A cada cliente le abrían una “cuenta” en la web de la empresa, donde podían seguir el estado de sus inversiones online. No habían comunicaciones ni informes periódicos, salvo en casos especiales, como una devaluación brusca. Entonces enviaban un mail general en el que decían haber comprado dólares a futuro en el mercado Rofex y tener un “fondo propio de cobertura” del 10% del capital.
Pero nada de eso existía. Todo comenzó a desmoronarse a fines de 2013, cuando preocupados por la situación del país algunos inversores pidieron retirar su dinero. Los primeros que lo hicieron lograron cobrar algo. El resto comenzó a recibir pagarés, cheques sin fondo y luego excusas de que los plazos se extendían hasta que las cuentas fueron dadas de baja. Al final, los socios abandonaron las oficinas y desaparecieron. DG Proyectos entró en concurso preventivo de acreedores ante el Juzgado Comercial N° 15 de Capital.
“En realidad no existía ningún negocio verdadero que sustentara la rentabilidad que se prometía. Era una simulación: el inversor recibía como ‘renta’ el dinero de un nuevo cliente y no del propio giro del negocio”, explica José Ramón Martos, abogado de varios de los damnificados.
La mecánica no es más que la del viejo esquema Ponzi. “Funciona hasta que más inversores retiran su dinero y no entran nuevos interesados. El esquema piramidal se derrumba y queda a la vista el fraude”, señala Martos. Y agrega que la sociedad fue utilizada para “captar el ahorro público cuando no estaba autorizada”, por lo que se trataba de por sí de “una actividad ilícita”. Los acusados decían tener vacas en campos de Pila y Las Flores, provincia de Buenos Aires. Incluso llevaron allí a algunos inversores y les mostraron una gran cantidad de animales que, en verdad, no les pertenecían.
Con la plata recaudada y para responder a los contratos firmados, deberían haber llegado a comprar 14.000 vacas. “Pero en vez de contar con casi 14.000 animales, se presentan en concurso informando: cinco vacas secas, 105 preñadas, 90 terneros y cuatro toros. Les faltó inventariar un perro, dos gallinas y un zaino. Un verdadero latrocinio”, ironizó el abogado.
El 23 de diciembre de 2015, el Juzgado Comercial N° 15 declaró la quiebra de DG Proyectos. Y los querellantes pidieron que se extienda a todos los que tuvieron participación en la estafa. Igual, sus posibilidades de recuperar el dinero son casi nulas. Fuente: Diario Clarín.

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