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(18/Ene/18) Mientras el territorio argentino que hoy pertenece a Córdoba era colonizado por el Imperio español, la producción de vino estaba destinada a los curas en las misa y al consumo de los hombres de España más privilegiados.

De manera artesanal, se prensaban los sarmientos (la rama de la cepa de vid) con las uvas en trapiches o se pisaban dentro de recipientes de cuero vacuno, justo antes de hacerlos estacionar en tinajas de barro cocido. Y el fermentado del mosto (el jugo, la piel y las semillas de la uva) era en dos etapas. En ese contexto histórico de la vid, hoy la noticia es que recuperan la bodega cordobesa que, 400 años atrás, elaboró el primer vino argentino.

La bodega funcionaba en la Estancia Jesuítica de Jesús María. (Foto: Daniel Cáceres)
La bodega funcionaba en la Estancia Jesuítica de Jesús María. (Foto: Daniel Cáceres)

Como describe el diario La Voz del Interior, fue el 15 de enero de 1618 cuando el sacerdote Pedro de Oñate le compró al alférez real Gaspar de Quevedo la estancia ubicada en las tierras de Guanusacate, a la que los jesuitas rebautizaron con el nombre que dio origen al poblado actual: Jesús María. A 400 años de esa adquisición, el Museo Jesuítico decidió restituir el espacio donde funcionó su bodega. «No fue en Mendoza, San Juan o Salta que se hizo el primer vino argentino, sino en Córdoba», publica el diario local.

La bodega aún mantiene sus dos puertas. Una la comunica con el patio y la otra con los cuatro lagares. Ese vino de Jesús María fue conocido como “lagrimilla” y «llegó a la corte de la corona española». Cuando recién asomaba el siglo XVIII, esa estancia vendía 1.300 litros de vino al año, el 19 % de sus ventas totales registradas en el Colegio de Córdoba.

«En 1747, contaba con 48 mil cepas de vid, lo que representaba una producción de 12 mil litros aproximadamente. La cultura del viñedo y del vino se asentó en Córdoba desde entonces. Y nunca las dejó. Aunque fue en otras provincias argentinas donde luego tuvo mayor desarrollo y mejor evolución», remarca la nota.

“Es un lugar muy querido por nosotros, muy importante para la estancia productora de vino por excelencia”, destacó la licenciada en historia Belén Domínguez, quien integró el equipo de profesionales que preparó durante dos años la bodega para el festejo por sus cuatro siglos. Ahora la bodega recibirá visitas guiadas y será un lugar de reunión para actividades culturales. En ese subsuelo aún se ven las barricas de roble con la marca de la que fue la primera productora de vino del país.

 

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