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(24/Ene/18) Para 2018 se espera una producción de carne vacuna mayor a la de años previos por un aumento del stock y por el empeoramiento de las condiciones climáticas. En efecto,es muy posible que la cantidad de bovinos (o sea el stock) en Argentina haya crecido durante 2017. La cantidad de animales sacrificados o, más técnicamente dicho, faenados sobre el stock total (o tasa de extracción) y la cantidad de hembras faenadas sobre el total faenado (faena de hembras) son los indicadores que habitualmente anticipan las variaciones de dicho stock.

Cuando mayores son dichos porcentajes, menores son las chances de ver incrementos en el stock de un año al otro. En ambos casos, estos cocientes se mantuvieron durante 2017 en valores similares a los registrados en los años previos. Años previos en que las variaciones de stock fueron siempre positivas.

Este aumento de stock permitirá en 2018 aumentar la faena total y, por ende, la producción de carne, aun manteniendo fijas la tasa de extracción y el peso de los animales que se faenan. Sin embrago, estos dos últimos indicadores difícilmente se mantengan constates durante el año.

Las condiciones climáticas esperadas para 2018 son de precipitaciones escasas y temperaturas extremas, mucho menos propicias para la producción de forrajes que las de los años previos. Esta menor producción forrajera dificultará el mantenimiento del proceso de crecimiento del stock, impulsando de este modo a una mayor faena bovina.

Los precios reales de la hacienda durante 2017 fueron inferiores a los de 2016. Esto hace que muchos planteos productivos dejen de ser rentables o, al menos, hacen replantear a sus manejadores la conveniencia de aumentar el capital invertido en ellos. Los dos factores descriptos en los párrafos previos auguran un incremento en la tasa de faena.

La demanda exportadora, que en 2017 creció 34% respecto a 2016, va lentamente incentivando a las empresas ganaderas a producir animales de mayor peso. Esto, más allá del aumento en la cantidad de cabezas faenadas descripto en los párrafos previos, aumentará marginalmente la cantidad de carne producida en promedio por animal faenado.

Este aumento en las cantidades ofertadas encuentra un mercado local extremadamente bien abastecido, tanto de carne bovina como porcina y aviar. El consumo interno de carne aviar pasó de 40 kilos por habitante por año a 45 kilos entre 2014 y 2017, el consumo de carne porcina de 10 a 14 kilos y el de carne vacuna de 57 a 58 kilos. En total, el consumo de las tres principales carnes se incrementó, en el periodo 2014/2017, 9%.

Esta alta oferta hizo que durante 2017 las carnes registraran precios medidos en moneda constante 10% inferiores a los de 2015 y 2016. Del mismo modo es esperable que los precios sigan aumentando menos que la inflación durante 2018.

Dados los mayores volúmenes procesados, los eslabones intermedios de la cadena de ganados y carnes, pueden aumentar sus ingresos sin modificar su margen por kilo de carne. Esto ocurrió ya en 2017 (la variación de precios de la carne al mostrador fue igual a la de la hacienda para faena) y es esperable el mismo comportamiento para 2018.

La apertura de nuevos mercados exportadores y la recuperación de aquellos mercados perdidos en años previos permitirán establecer pisos de precios más altos. Esto ocurrirá especialmente para las categorías de novillos pesados y vacas gordas.

Los flujos exportadores, si bien se deberán insertar en un mercado mundial con una oferta creciente de EEUU, Brasil y Australia, serán más competitivos que el año previo por un mejor tipo de cambio y un precio en dólares de la hacienda más parecido al de nuestros vecinos. Cabe recordar que en los años previos este precio era superior al de Uruguay y Brasil, por ejemplo. Esto permite esperar moderados incrementos en las ventas al exterior.

En resumidas cuentas, se espera para 2018 una producción de carne vacuna mayor a la de los años previos. Esto se debe al aumento del stock y el empeoramiento de las condiciones climáticas. Como consecuencia de este aumento, cabe esperar un menor precio tanto para el productor como para el consumidor y un aumento en las cantidades exportadas. Fuente: El Economista.

 

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