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(27/Mar/18) El monocultivo de soja viene perdiendo terreno desde hace algunos años, principalmente por cuestiones de rentabilidad decreciente en comparación con otros cereales y oleaginosas, situación que cortó un poco el furor de los pools de siembra o las empresas orientadas al corto plazo. La tendencia en los dueños de la tierra es cuidar el suelo y restablecer el esquema de rotaciones necesario para recuperar el equilibrio ecológico y simultáneamente producir más y mejor a mediano y largo plazo. Según el ingeniero Germán Ramongassie, fue la falta de rentabilidad lo que originó el cambio, pero los efectos repercuten positivamente en muchos otros aspectos.

«La soja perdió terreno cuando empezó a bajar el precio, ya que los insumos se mantienen, es todo a precio dólar, la soja bajó mucho y a su vez, la ganadería repuntó y empezó a recuperar espacios», explica el ingeniero agrónomo Germán Ramongassie en relación al fenómeno generalizado que se vive en gran parte del país, en que la alguna vez reina de las oleaginosas viene cediendo lugares, pasando de monocultivo a una etapa más en un ciclo de rotaciones.

Según Ramongassie, esta cuestión obedece a varios factores y no solamente afecta a la llamada zona núcleo agrícola, ya que la soja supo correr en su momento la frontera ganadera, llegándose a sembrar en zonas de loma y media loma no tan aptas para agricultura, pero como los números daban, se sembraba igual. Hoy la ganadería repunta, la soja no es tan rentable, y el esquema parece equilibrarse nuevamente.

«Se llegó a hacer soja en campos de cría, entonces, todos esos lotes hoy están volviendo a la ganadería, cría e invernada. La soja había ganado un terreno que no tenía que ganar, pero los precios eran tan buenos que todo el mundo sembraba. También se dio el fenómeno de los pools de siembra, que solamente hacían soja», explica el agrónomo.

Si bien según el profesional la vaca no vale lo que tendría que valer, los precios acompañan mucho más que antes y eso ha corrido en parte la frontera sojera. Y en zonas de mayor aptitud agrícola, el fenómeno fue similar, pero en vez de un recupero en favor de la ganadería pura, lo que se empezó a hacer fue volver a la rotación de cultivos tradicional, pudiendo verse por rutas y caminos rurales nuevamente maíz, girasol, trigo, sorgo y toras especies relegadas por el monocultivo.

El corto plazo

Es sabido que el fenómeno del monocultivo tiene muchos ribetes negativos, excepto la cuestión económica al corto plazo, por lo cual la soja abrió el abanico a que alguna empresa de insumos se asociara con un técnico y juntara inversores para sembrar y obtener rentas rápidas sin pensar en el impacto ambiental o agronómico a nivel del suelo. El cambio hacia esquemas más antiguos y «lentos» fue muy favorable a nivel estructura y fertilidad natural de los campos.

El corte, sin embargo, lo pusieron fundamentalmente los números y no tanto la conciencia de producción sustentable. La disminución del precio de la soja fue, según Germán Ramongassie, lo que hizo que empresas y productores se replantearan sus esquemas, y eso fue lo que abrió la puerta nuevamente a la diversificación.

«Fue una cuestión más que nada de números, pero el efecto de volver a la rotación de cultivos fue muy beneficioso, permite que la relación de carbono-nitrógeno del suelo sea más estable, que no se extraigan nutrientes siempre de las mismas superficies de suelo porque las raíces son diferentes, tienen distintas alturas. Esto es muy bueno, se gana en estructura, se aprovecha mejor el agua, se controlan mejor plagas y malezas», explica.

Y el esquema completo de agricultura diversificada y alternada con ganadería no solamente aporta desde lo agronómico, sino que también ha dado estabilidad económica a las empresas frente a contingencias como la inundación del año pasado y la sequía actual, en que muchos cultivos de invierno no pudieron hacerse, y los de verano se perdieron en grandes proporciones.

Tema recurrente

Según Germán Ramongassie, la necesidad de volver a las rotaciones tradicionales venía siendo desde hace varios años un tema recurrente en las charlas entre productores y técnicos, y cada vez más presente en las jornadas técnicas.

«Siempre hizo falta rotar, el boom de la soja hizo que se dejara de lado esta manera de trabajar y con los años empezó a verse que estábamos perdiendo estructura, textura de suelos, fertilidad, materia orgánica, retención de agua útil. Ahora, de a poco se va a ir recuperando, va a ser muy difícil de remontar pero con el tiempo se va a lograr», indica.

Ramongassie considera que la clave no es desechar la tecnología de insumos disponible, ya que hoy se cuenta con un amplio abanico de herramientas muy útiles. El tema pasa fundamentalmente por la conciencia con que se aplican, y los criterios que se tienen en cuenta para las decisiones a corto, mediano y largo plazo. En ese sentido, distingue marcadamente el cambio de actitud de los productores históricamente vinculados al campo, fundamentalmente los dueños de la tierra, respecto de las empresas como los pools orientadas al corto plazo.

Según el agrónomo, el productor, y especialmente el productor chico, cuida su campo porque es su capital y es consciente de que si lo agota no tiene la base que necesita para trabajar. Pero frente a una relación de precios conveniente a la hora de sembrar, o bien arrendamientos de duplicaban o triplicaban lo que se podía obtener del campo, fue difícil resistirse.

«Los productores entraron por el tema económico, incluso a muchos les convenía alquilar los campos que sembrar ellos mismos, porque obtenían ganancias mayores a las que conseguían produciendo. Pero después empezaron a ver que sus campos se agotaban, por eso hoy quieren cuidar más el suelo, el productor aprendió que el campo es suyo y que nadie va a cuidarlo como él», concluye. (Fuente: Diario EL POPULAR, Olavarría. Nota: Miguel Viñuales).

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