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(21/Abr/18) La sequía hizo estragos en la mayoría de los campos ganaderos de la zona, fueron varios meses muy difíciles donde ni siquiera se pudo sembrar sorgo, o verdeos, y lo poco que se hizo se perdió o se comió en el verano. Hace algunas semanas volvió a llover, con precipitaciones muy dispares según el lugar, ya que en algunos campos fueron tan buenas que pareciera no haber habido sequía, y en otros apenas se está repuntando.

Poco más de un mes atrás, en plena situación de déficit, el ingeniero agrónomo Paulo Recavarren de la agencia local de INTA recomendó en las páginas de Campo Productivo algunas pautas para sobrellevar el invierno basadas en el manejo ordenado de los rodeos, teniendo en cuenta las estrictas necesidades de las categorías, desde el punto de vista de la demanda. Desde la oferta, poco se podía recomendar pues era escasa o nula, quedando casi como única opción la importación de forraje en forma de rollos o concentrados.

El regreso de las lluvias trajo un respiro a todo el mundo, aunque Recavarren insiste en sostener el criterio de prudencia a la hora del manejo y, sobre todo, apuntalar todo desde el orden y la planificación forrajera, pues es lo único que permite anticipar decisiones.

«Planificar es lo más importante, nos permite fijarnos un rumbo. Puede ser correcto o equivocado, pero aún en ese caso, podemos reorientar y darnos cuenta de que tenemos que ir por otro lado. Pero si uno no tiene un rumbo, no puede tomar decisiones a tiempo», explica el profesional.

«Puede sonar obvio esto que digo, pero es importante que no perdamos de vista que, si bien volvió a llover, no cayeron granos de maíz, verdeos o rollos de alfalfa. Las lluvias son más que bienvenidas pero siguen siendo tardías en relación a la etapa de crecimiento de pastos en que estamos, es decir, la curva descendente del pico otoñal. Las tasas de crecimiento son la mitad de lo que hubiera sido en marzo, de haber llovido», apunta.

Prudencia ante todo

Dentro de la etapa otoñal, abril es el mes que menos aporta al crecimiento de los pastos, situación que a veces se extiende un poco en caso de que se retrasen las primeras heladas. Por este motivo, según Recavarren es importante que el productor asuma esta situación y sea prudente frente a éste momento de clima favorable.

«No podemos esperar una explosión de crecimiento, más allá de que vamos a ver un cambio importante. Y siguiendo con estos de decir aparentes zonceras, tenemos que tener presente que para que el pasto crezca, no me lo tengo que comer. Esto que parece tan evidente no lo es tanto, ya que es el criterio que me permitirá organizar y cuidar la oferta forrajera. Si quiero que un potrero tire lo tengo que dejar libre, y esto significa, sin caballos, sin ovejas, sin nada, o sea, libre», enfatiza.

«Ahora, si lo que se pretende es tener potreros libres, tengo que concentrar hacienda en otros, por lo tanto no puedo desparramar hacienda por todo el campo porque los animales van a ser selectivos a la hora de comer y van a buscar lo mejor, lo más tierno, no van a dejar venir lo nuevo. Cuando los períodos son prolongados, las cargas instantáneas bajas terminan siendo contraproducentes, aunque a veces cuesta asumir que esto funciona así, y que tengo que sacrificar algún potrero para que los demás se recuperen», agrega Recavarren.

El punto que intenta transmitir el profesional de INTA es que el desparramar la hacienda por el campo en épocas de déficit, las cargas instantáneas no son bajas como se supone, por más que la superficie total sea amplia, porque hay que calcularla en únicamente en base al forraje nuevo disponible. Con este criterio, se transforman en cargas generalmente muy altas.

Qué necesito, de qué dispongo

La tendencia hacia la normalización del tiempo permite, según Paulo Recavarren, incorporar al esquema la disponibilidad forrajera con que -antes o después- contaremos en invierno, disponibilidad que unos meses atrás era casi inexistente y dependía prácticamente de nuestra capacidad de compra de grano o rollos. Sin embargo, lo importante en un balance forrajero consiste en equiparar lo disponible con la demanda preexistente, por lo cual antes de ver cómo usar lo mucho o poco que se tiene, hay que tener bien en claro qué es lo que realmente se necesita. Este, según él, sigue siendo el punto de partida de la planificación.

«Antes de sentarnos a ver cómo utilizamos lo disponible, tenemos que ver qué necesitamos, cuándo lo necesitamos y cómo. Es decir, lo primero es ordenar el rodeo por requerimientos, si es que no lo hicimos antes durante la época de sequía grave. Es probable que hayamos hecho destetes y tactos, por lo cual hay que organizar todo por requerimientos. Me sirve saber si mis vacas están preñadas, y pero más me sirve saber desde cuándo están preñadas, porque los requerimientos son distintos si tiene cuatro meses para parir, o siete, por ejemplo. La prioridad va a ser la vaca más complicada de estado, y con preñez más grande», explica.

«Desde el punto de vista de la demanda, tenemos que clasificar el rodeo. Hay que hacer el tacto, boquear, apartar, y sobre todo seleccionar aquellos animales que resulten más productivos. Una vaca vieja, con preñez atrasada, en mal estado corporal, quizás lo mejor sea sacarla del circuito de pastoreo. Después veremos si le damos de comer, la vendemos, o qué. Hoy los precios no son buenos, pero el objetivo es otro, cuidar lo que queda en el campo» señala.

«Y desde el punto de vista de la oferta, necesitamos hacer un ranking de potreros. Tenemos poco pasto, pero está creciendo. Si tenemos verdeos de invierno, seguramente empiece un período de crecimiento importante, ese va a ser el resguardo a cuidar. Con el resto, tenemos que hacer el ranking de cual debo cuidar, por dónde puedo arrancar, y cuál es el que vamos a sacrificar para que los demás mejoren», concluye.

Experiencia y planificación

Paulo Recavarren enfatiza en todo momento que sus recomendaciones son criterios generales vinculados sobre todo con el ordenamiento, la planificación y pautas de manejo del pastoreo, lo cual debe ser conjugado con la experiencia y conocimiento que cada productor o encargado tenga del campo que maneja.

«La experiencia es un saber invalorable e insustituible, nosotros muchas veces nos encontramos en los cursos y capacitaciones que un productor nos dice que tal potrero rinde tantas raciones por hectárea, y después de aplicar nuestro método y herramientas llegamos a la misma conclusión. Sin embargo, así como esos saberes son importantes, hay otros saberes que también lo son, y la articulación de los mismos puede llegar a dar resultados muy superiores a lo que estamos habituados», explica.

En este sentido, remarca que las prácticas relacionadas con el manejo de parcelas, la medición del pasto y el ordenamiento de la cadena forrajera tienen muchos beneficios, tan probados y concretos como el saber empírico de cada productor sobre su campo. Por ese motivo, articular ambas experiencias en un modelo de trabajo sencillo pero ordenado puede aumentar notablemente la receptividad del campo, pudiendo sobrellevar años trágicos como el que estamos a travesando, y expandir la explotación en años normales.

En síntesis, lo que Paulo Recavarren propone es llevar a cabo un manejo planificado, que permita al productor prever déficits o sobrantes en su cadena forrajera, y preverlos con anticipación. En este sentido, remarca que INTA es una institución abierta a la comunidad y que tiene un equipo de técnicos que puede asistir y acompañar a los productores en este tipo de manejos.

«Lamentablemente no tenemos muchas consultas de este tipo, la gente generalmente relaciona al INTA con el tema de la huerta, las semillas. No tenemos tanto contacto con productores, en parte creo que tiene que ver con que cada cual se asesora con sus técnicos de confianza, cada cual tiene un asesor veterinario o agrónomo, lo cual es muy bueno. Pero también sería bueno que nos tengan en cuenta porque nosotros estamos para acompañar al productor y ayudarlo a tomar decisiones», concluye.
Fuente: Diario EL POPULAR

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