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(22/Abr/18) Las malezas representan una de las principales adversidades bióticas que afectan de manera importante la seguridad agroalimentaria mundial y nacional. Ello se refleja en el consumo de herbicidas que resulta ser superior al registrado para insecticidas y fungicidas juntos.

En las últimas dos décadas la incidencia de las malezas se había relativizado dado el “éxito” del control químico a través del uso de un bajo número de principios activos de herbicidas en esquemas sencillos Pero la perspectiva histórica sugería que un control químico de malezas simple y repetitivo no podría sostenerse en el tiempo dada la capacidad de las malezas para desarrollar resistencia.

En el mundo se han identificado 254 especies resistentes a herbicidas, con resistencia en 23 sitios de acción de herbicidas de los 26 conocidos en 163 principios activos diferentes. En nuestro país desde 1996 a la fecha se han detectado 33 biotipos de 15 especies de malezas diferentes. En la última década, el crecimiento de casos de resistencia a crecido de manera exponencial. En particular, merece destacarse el caso de yuyo colorado y raygrass que ya presentan resistencia a tres mecanismos de acción diferentes.

A pesar de la alta tasa de evolución de la resistencia en nuestro país, es importante resaltar que dicha situación no es un problema del herbicida ni del uso de cultivos genéticamente modificados, sino que la evolución de la resistencia a los herbicidas resulta ser un problema de comportamiento de la maleza.

En estudios de herbarios realizados en el extranjero, se ha detectado la presencia de una mutación que confiere resistencia a graminicidas en una planta de una gramínea recolectada en 1888, lo que demostró que la resistencia a los herbicidas en las malezas puede ser anterior al desarrollo de los herbicidas mismos.

La evolución de los biotipos de malezas resistentes a herbicidas resulta ser un proceso evolutivo darwiniano acelerado. Como consecuencia del predominio exclusivo de los herbicidas como táctica de control (con la exclusión de otras prácticas y estrategias que conduzcan a un manejo diversificado), se ha ejercido una enorme presión de selección sobre las poblaciones de malezas que existen dentro de los distintos cultivos.

De este modo, la forma en que se implementa el control químico selecciona esencialmente de manera muy rápida aquellas malezas que mejor se adaptan al control empleado.

Surge así la necesidad de comprender de manera urgente la importancia de la resistencia a herbicidas de modo de reaccionar ante la necesidad de cambios en las tácticas y estrategias de manejo. En la actualidad siguen existiendo desconexiones entre las prospectivas a mediano y largo plazo de las malezas resistentes y las preocupaciones a corto plazo sobre la rentabilidad de los productores, así como entre las compañías de agroquímicos.

La resistencia de las malezas a los herbicidas continuará siendo un problema relevante que crecerá a un ritmo creciente a menos que se tenga siempre presente la necesidad de avanzar hacia un manejo de malezas diversificado, en el que el uso de herbicidas es una táctica fundamental, pero no la única. Fuente: Clarin

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