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(21/Jul/2018) Antoinette Huffmann y Tiziana Prada son mujeres que decidieron desafiar la lógica machista de la actividad agropecuaria y rompieron con el estereotipo de que el agro «es cosa de hombres”. En una charla con Clarín contaron las dificultades que enfrentaron hasta alcanzar logros, y que actualmente son respetados por productores varones.

Huffmann, a quien le gusta que le digan Toiny, heredó de su familia el amor al campo. Cuando su padre murió, a causa de un síndrome de leriche, ella lo reemplazó en su trabajo y se dedicó a la ganadería.

Maneja la Cabaña Curutué, en la localidad de 25 de Mayo. Y es una de las pocas productoras de razas Blonde d’Aquitaine y West Highland en Argentina.

Se dedica a la hacienda desde pequeña. A los cinco su padre la llevó a Herrera Vargas, a un campo que él administraba. Y allí le enseñó el oficio de la ganadería.

«Mi padre me enseñó todo. Con el tiempo me fui metiendo en este trabajo porque siempre me gustó. En un momento quise estudiar veterinaria o agropecuario pero nunca me dejaron por ser mujer», cuenta Toiny, con el aplomo de un gaucho mañero.

Dice que aprendió el trabajo del campo a los «ponchazos», con la «universidad de la calle». Y que gracias a esa experiencia hoy puede «enseñarle a sus empleados jóvenes cómo se hacen las cosas».

Toiny asegura que siempre le gustó lo que hace. Y que su motivación más grande es producir carne para el mundo y contribuir a eliminar el hambre.

Cuenta que sus días en el campo son muy laboriosos. «Hago la selección de animales, elijo los toros para las vacas, voy a remates a comprar toros, no tengo ningún empacho para hacer cualquier trabajo», comenta. Y agrega: «Hay un sólo trabajo en el cual no participo, que es el momento de la castración. Y no lo hago exclusivamente por respeto a los hombres».

Sin hijos, con diez sobrinos y dos hermanos varones, Antoinette destacó la fortaleza de las mujeres que se dedican a este trabajo, que tradicionalmente se consideró exclusivamente masculino. «En este país de machos, y haciendo un trabajo de hombre, muchas veces me encuentro con que no me creen lo que digo de las bondades de las dos razas que tengo. Hasta que se dan cuenta que tengo razón y después me piden disculpas».

Tiziana también heredó el amor al campo de su familia. Ingeniera en producción agropecuaria, administra una cabaña de Braford y un rodeo de cría en Los Esteros de Iberá en Corriente.

Como Toiny, ella también se hizo cargo de las cabañas cuando murió su padre. «En el campo me gusta hacer de todo. Ves cómo se desarrollan los terneros y como va creciendo la hacienda». Y asegura que está «haciendo un trabajo espectacular» y que le «encanta» hacerlo. Aunque asegura que es un «trabajo muy duro».

«Realmente es un trabajo artesanal y a pulmón. No tenemos una gran cantidad de animales pero hemos llegado a ser importantes dentro de la raza. Hemos logrado dos grandes campeones en Palermo», cuenta Tiziana.

Sobre su trabajo, Prada dice: «Es un mundo de hombres. Pero si una sabe moverse, sabe tomar su lugar y sabe ubicarse sin imponer, y creo que se puede ganar un lugar importante».

Y agrega: «Tenemos que trabajar más que los hombres. Porque no solamente tenemos que decir lo que vamos hacer sino probar que se dan los resultados. Nosotras decimos y hacemos. Y a lo largo del tiempo nos van creyendo y van viendo que sí sos seria con lo que hacés».

Reconoce que en esta actividad son pocas las mujeres que consiguen el respeto de los varones productores. «Creo que con un poco de picardía y sabiendo tu lugar, y fundamentando tus acciones, valoran más tu trabajo. Ven que hacés las cosas bien».

Fuente: Clarin

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