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(24/Jul/2018)

En julio se celebra el día internacional de las cooperativas, por lo que nos pareció pertinente referirnos nuevamente a un modelo que podría dar algunas pistas para generar un proceso de innovación inclusivo en la vitivinicultura de San Juan.
Como se ha mencionado en otras oportunidades, consideramos que los productos agroindustriales con bajo nivel de diferenciación, mano de obra intensivos son, y serán cada vez más, especies en vía de extinción. Es el caso de parte de la vitivinicultura sanjuanina y de otras agroindustrias. Las explotaciones que no alcancen una escala mínima para incorporar tecnología irán desapareciendo, y con ellas, productores y trabajadores del medio rural.

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Alcanzar escala a través de la organización es una de las claves del éxito de las CUMA, Cooperativas de Utilización de Maquinaria Agrícola, en Francia. Se trata de una forma particular de cooperativas que comienzan su historia en la posguerra, en 1947. Hoy, están distribuidas en todo el país y la mitad de los agricultores tiene algún tipo de vinculación con estas organizaciones.

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Producto de una gira técnica en el exterior, compartimos algunos testimonios y hacemos foco en cómo una estructura organizativa permite que escalas productivas pequeñas accedan a la mecanización de sus actividades.
Raymondes, presidente de la federación departamental de CUMA de Montpellier, vive cerca de su finca, hijo y nieto de viticultores, en 2003 comenzó con 8 ha que heredó y ha podido incorporar 20 ha más. Al bajar de su tractor viñatero nos dice:

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«El sistema de funcionamiento de la CUMA es simple, es el sistema de una cooperativa, debemos ser como mínimo cuatro para crear la estructura. La superficie de cada uno no es importante, el único interés es llegar a una cantidad de hectáreas que nos permita amortizar el material. Todo puede tenerse en CUMA, desde las tijeras hasta la cosechadora, el principio va a ser el mismo. Tener el material en CUMA nos permite diluir los costos, además nuestras máquinas son más modernas, el trabajo se hace mejor y uno está más cómodo».
Para él, como para muchos otros productores, la CUMA fue una herramienta clave para poder sortear un fuerte periodo de crisis en sus comienzos como viticultor.
A 500 km al oeste, encontramos a Jean Michel que vive en una ciudad a 20 km de su finca de 15 ha. Él no tiene tractor, no tiene arados, ni pulverizadora. No los necesita. Junto con cinco viticultores más han conformado una CUMA que provee todas las máquinas y herramientas necesarias para las tareas en sus viñedos. Distendido, cuenta: «La originalidad de nuestro sistema es que cuando uno toma un material, hace las actividades de todos. Los tratamientos, el trabajo del suelo, la pre-poda, todo, esto nos permite ahorrar mucho tiempo, no tenemos que instalar y desinstalar cada implemento. Al final del año sumamos cuánto gastamos, qué inversiones debemos hacer y dividimos por la superficie de cada uno, no nos complicamos más. Venimos trabajando así hace 25 años y funciona».
Jean Michel no viene del medio vitícola, no heredó viñedos, pero desde siempre le gustó la actividad, por lo que comenzó trabajando como empleado de una bodega cooperativa y luego se instaló. «Sin la CUMA no hubiese podido volverme viticultor», destaca.
Resultados
Tanto ellos como el resto de los entrevistados dieron cuenta que el trabajar en colectivo requiere esfuerzos, relativizar las problemáticas propias para mirar las del conjunto. Llegando a esos equilibrios, los beneficios materiales o simplemente la posibilidad de continuar o no en la actividad, configuran la elección, tanto en estructuras pequeñas como para productores medianos y grandes.
Nuestra realidad, nuestra idiosincrasia y nuestro contexto es diferente. Sin embargo, entendemos que existen pautas interesantes para que re-pensemos cómo organizarnos, no siguiendo recetas foráneas, sino adecuando ciertos principios a nuestras particularidades. Alguien decía que la organización vence al tiempo, a lo que podemos agregar que también reduce los costos de producción, permite la innovación y potencia las capacidades locales.

 
EN NÚMEROS

12.260 son las Cooperativas de Utilización de Maquinaria Agrícola en toda Francia 21.200 socios entre todas.
250.000 máquinas, entre ellas 1.080 cosechadoras de vid, gestionan las Cumas del agro europeo.

es la cantidad mínima para conformar una CUMA. En promedio llegan a 25 y emplean 4.700 personas.

Fuente: Diario de Cuyo

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