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(24/Ene/2019) Hablar de lo que puede pasar con esta campaña sin tener en cuenta el contexto desde el que se la encara, dejaría el análisis por la mitad. Con el inicio del año y un clima que no aporta a la producción agrícola en algunas regiones del país, CREA se propone ver cuánto más viable es el negocio este 2019.

El campo viene de una campaña 2017/18 con un resultado productivo malo principalmente para la gruesa, con el impacto del clima. Si bien hubo algo de compensación por precio, eso no alcanzó a neutralizar los efectos de una sequía histórica en el rendimiento productivo. Inevitablemente, eso repercutió en el resultado económico y financiero. Además, se le suma un contexto macroeconómico -internacional y sobre todo local- que también modificó los precios relativos y la toma de decisiones del empresario.

Lo que ocurrió con la macroeconomía local mejoró la estructura de costos del negocio agrícola, en términos de precios relativos, advierte Esteban Barelli, responsable de Microeconomía de CREA. Sin embargo, asegura que la competitividad que se ganó por el tipo de cambio también tiene su otra cara, y fue perdiéndose con el impacto que generó, mes a mes, la inflación en los servicios pesificados como costos laborales, fletes, aumentos de gasoil, y otros. Por eso, si hay que hablar de la competitividad ganada, Barelli deja abierto un signo de interrogación en cuanto a la magnitud de ese cambio.

Para el inicio de la campaña fina 2018/19, con esas cartas sobre la mesa, las novedades del clima no impactaban negativamente. Recién sobre el final llegaron los episodios de heladas, bajas temperaturas y algún evento de granizo que no modificaron los números en el panorama nacional, pero sí afectaron algunos casos y lugares particulares.

Ahora, en plena etapa de desarrollo de la gruesa, el clima deja a algunas zonas con un impacto fuerte de las lluvias, sobre todo en el NOA y NEA del país. Más allá de lo que está ocurriendo con el clima, Barelli explica que esta campaña llega a los productores con un nivel de necesidad de financiamiento mayor al inicio de la campaña pasada. «Por más que haya un atractivo que fundamente el negocio, las tasas son restrictivas, y nos preguntamos quién pone el capital», dice el miembro de AACREA.

Según los datos que reúne el Sistemas de Encuestas Agropecuarias de CREA (SEA-CREA), hay intención de financiar el 41% de los gastos directos fijos que tienen los productores, contra un 38% en el año pasado. Esos tres puntos porcentuales pueden parecer poco -explica-, pero quizás se esconde detrás que, ante la oferta actual de financiamiento, no falte intención sino que las alternativas no son atractivas para el productor.

El Radar Agrícola es una herramienta de la entidad que proyecta y estima resultados productivos, económicos y financieros del negocio agrícola extensivo de Argentina (trigo, cebada, soja -primera y segunda-, maíz, girasol y sorgo). Mensualmente actualiza las variables de estructura de costos y estructura de ingresos. A raíz de esto, lo sintetiza con un Indicador de Viabilidad Económica Agrícola (IVEA) que publica periódicamente y funciona como una aproximación a la situación del negocio agrícola, más allá de que cada productor tendrá las particularidades de su estructura.

El IVEA general de hoy, contemplando el porfolio total de cultivos de acuerdo a plan de siembra 18/19, indica que la viabilidad del negocio agrícola arrendado es 34% superior al del post campaña 2017/18 (impactada por clima), y está 30% arriba en comparación con lo que pasó en las últimas tres campañas.

«Si bien siempre es positivo tener números que mejoran, no es igual de alentador teniendo en cuenta lo complejo de los ciclos anteriores, además de considerar el riesgo que implica llevar adelante la actividad», determina.

El Índice relaciona el rendimiento promedio de los últimos 5 años de un cultivo para un departamento/partido, con el rendimiento de indiferencia del respectivo cultivo para el departamento/partido, en base a las estructuras de costos e ingresos. Es decir, cuánto necesita tener de rinde el productor para cubrir los costos operativos, que incluyen gastos directos (fijos y variables) y gastos indirectos, hasta la etapa de cosecha y comercialización.

Así, el rango del IVEA va de 0 a 1. Cuando es inferior a 0,5, la relación indica que con el promedio histórico de rendimiento de ese partido para ese cultivo y la campaña en particular, no permitiría pagar los costos de haber llevado el negocio adelante. Si es mayor a 0,5 el Radar proyecta que se llega a cubrir los costos, y a medida que se acerca a 1 demuestra que habrá mayor posibilidades de obtener resultados económicos positivos, o «excedente».

Teniendo en cuenta todo lo explicado, el valor del IVEA a nivel nacional (modelo campo arrendado) es hoy de 0,57. Es decir, de acuerdo a la actualización de enero, el Radar Agrícola indica que los productores agrícolas (con arrendamiento) de Argentina lograrían un rendimiento promedio ponderado para todos los cultivos que permitiría cubrir los costos y dejar excedentes (aunque no incluye impuestos).

No obstante, dado ese valor, hay cultivos y zonas productivas en las que dicho valor está por debajo de 0,5, por ende con potencialidad de resultado negativo si se obtienen rindes promedios.

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