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“Maruja está viva”. En esas tres palabras el productor ovino Gustavo Almassio sintetizó su alegría detrás de tanto dolor cuando esta mañana temprano se levantó y fue hasta la cocina de su casa en el campo para ver el estado de la corderita recién nacida.

Maruja es uno de los 17 animales rescatados tras el temporal que pasó por el campo el martes por la noche. Sin embargo, detrás de esa emoción, Almassio esconde una profunda tristeza porque en los lotes quedaron más de 100 corderos muertos.

En vísperas del temporal anunciado y en el pico de parición de las ovejas, el productor sabía que algo había que hacer. Entre otras cosas, rejuntó la majada y llenó de rollos para que los animales tengan reparo del viento, la lluvia y las bajas temperaturas.

“Los tres primeros días de vida de los corderos son cruciales y el riesgo de hipotermia es enorme. Con la lluvia que cayó su lana iba a estar toda la noche mojada y eso iba a ponerlos en peligro. Cuando llegamos el lote era un campo de batalla”, cuenta a LA NACION.

En la casa llenó la bañadera de agua caliente para darles un shock de calor a los corderitos. Con un secador de pelo les secó la lana y luego los tapó con sus frazadas de su cama. Los llevó cerca de la cocina económica y de la salamandra que estaban encendidas

En la casa llenó la bañadera de agua caliente para darles un shock de calor a los corderitos. Con un secador de pelo les secó la lana y luego los tapó con sus frazadas de su cama. Los llevó cerca de la cocina económica y de la salamandra que estaban encendidas

En 330 hectáreas tiene 600 ovejas madres. Su campo “El Totoral”, está ubicado entre las estaciones de Lumb y Defferrari, entre los partidos de Necochea y San Cayetano, en el sudeste bonaerense. En un principio tenía unas pocas ovejas. Pero luego decidió dedicarse de lleno a la producción ovina. Compró manga y corrales especiales para ovejas y se fue a la Patagonia para comprar buena genética. Así comenzó a crecer. También hace ganadería bovina.

Ayer, ni bien comenzaba a amanecer, junto a José Mendoza, su empleado incondicional, Almassio fue al potrero a ver como estaba todo. Sus tres perros Atahuapa, Zenón y Fausto, que siempre protegen a la majada de los ataques de pumas y zorros, los acompañaron.

Aun llovía sin parar y el panorama que encontraron fue desolador: “Eran un montón de corderos tirados en el suelo y las madres desparramadas por el lote”, se lamenta.

No había tiempo para lágrimas. Inmediatamente, comenzaron a cargar los corderos que tenían aun signos vitales en la camioneta para darles los primeros auxilios y tratar de salvarles la vida. En total eran 16. Cuando se estaba retirando vio una corderita tirada en el suelo, con señales de que había nacido solo pocas horas antes, pero cuando la levantó estaba flácida y sin pulso. Igual decidió cargarla.

En la casa, llenó la bañadera de agua caliente para darles un shock de calor. Con un secador de pelo les secó la lana y luego los tapó con sus frazadas de su cama. Los llevó cerca de la cocina económica y de la salamandra que estaban encendidas. Puso unos cueros para que echados sigan con buen calor.

“Cuando sumergí a Maruja en el agua caliente y vi que abría despacito el ojito, mi felicidad fue inmensa, la había salvado, pero igual había que esperar”, relata.

Uno por uno, los comenzó a alimentar con sustituto de leche, un poco de calostro congelado que guardaba en la heladera y una mezcla de huevo y azúcar. Poco a poco fueron recuperando su temperatura corporal.

Para Almassio, no es tiempo de repoches ni de echar culpas, sino momento de resilencia. “No hay que culpar al tiempo sino que esto debe servirme para planificar mejor. De esta experiencia dolorosa, debo sacar algo positivo y entender que podría haber hecho algo distinto”, dice.

“Tenemos que tener en cuenta que esto nos puede volver a pasar. Si bien no puedo tener todos los galpones necesarios para toda la cantidad de ovejas que poseo, debo ir de a poco y primero invertir en dos galpones y así seguir creciendo en infraestructura. Asimismo, dividir la parición en tercios y no que todas las ovejas paran juntas”, añade.

Más allá de la pérdida económica, a Almassio le duele la pérdida de “la rentabilidad del alma”. Espera no tener más corderos muertos y que los que tiene en la casa logren sobrevivir, incluso Maruja, que para diferenciarla le hizo una marquita con azul en la frente . “Vivo en el campo, al lado de mis ovejas y ellas son parte de mi vida. Sé que soy un privilegiado porque me dedico a algo que me apasiona”, finaliza.

Fuente: La Nación

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