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(19/Dic/16) “Todos los que estamos en la cadena de producción agrícola buscamos darle seguridad al negocio, porque si a alguien le va mal, a todos nos va mal. Las diferentes opciones de mercado a término buscan dar esta seguridad, estableciendo pisos de precio para la comercialización” explica César Fernández (foto), quien desde hace 25 años está en el tema de mercado de futuros y opciones para commodities agrícolas.
Si bien la herramienta comercial está disponible desde prácticamente el tiempo en que Fernández se capacitó en el tema, siguen siendo pocos los productores que recurren a ella para asegurar el precio de venta de la producción futura, aún antes de siquiera iniciar los laboreos.
“Quizás tenga que ver con lo intangible, puede que se esté fallando en hacer la docencia adecuada, porque se sigue viendo como un costo y no como una inversión. Asegurar un precio cuesta entre 3 y 4 dólares la tonelada, mientras que un disco puede costar 50 dólares, sin embargo si hace falta una pasada más se la da, pero no es tan común que se tomen estos seguros de precio”, afirma.
“Cuando se establecen los precios, el que cree que va a bajar puede vender, y el que cree que va a subir, está comprando, como cualquier negocio de bolsa, en un mercado. Pero el negocio consiste en que la gente se calce, que pueda tomar una posición de los costos que va a tener, de la rentabilidad que ese precio le asegura. Si después el mercado tira hacia arriba, captura ese sobreprecio, pero si tira hacia abajo, tiene el precio asegurado”, asegura.
Falta de información
Entre los prejuicios que rodean la comercialización a término o la participación en mercados de bolsa, está el de creer que es algo lejano, que funciona en Rosario o Buenos Aires, a lo cual es difícil y complejo acceder. Y sobre todo, que es algo especulativo en contrapartida a la meta principal del productor, que debiera ser, lograr buenos rindes.
Según César Fernández, esta perspectiva es una consecuencia de la falta de información con que los productores cuentan. No porque no esté disponible, sino porque quizás no se ha logrado hacer la difusión adecuada. De hecho, el sistema parece funcionar casi a la inversa de lo que se supone, ya que estas herramientas comerciales permiten, literalmente, despreocuparse de los márgenes y costos, y enfocar todo el esfuerzo en dedicarse a producir más y mejor.
“A veces nos pasa que el precio sube y los productores que contrataron la opción nos dicen que la pagaron y al final no la pudieron usar, pero eso es porque afortunadamente el precio mejoró y no hizo falta. Pero si el precio hubiera bajado, la producción se comercializa al precio pactado y la rentabilidad prevista está asegurada”, agrega.
Todas estas operaciones son realizadas por las propias empresas que se dedican al tema, como por ejemplo la firma que Fernández representa, y se maneja directamente desde Olavarría sin incurrir en complicaciones. Para el productor, la operatoria es prácticamente la misma que si se trata de un negocio habitual, ya que al momento de la cosecha tiene que levantar la producción y mandarla a la planta. Pero en este caso, hubo una etapa previa –generalmente, antes de la siembra- donde se pautaron por anticipado las condiciones comerciales.
Otro de las dudas de la venta a término es qué pasa si no se puede entregar el volumen de producción pactado junto con el precio. A diferencia de lo que sucede en otros rubros, como puede ser una venta de hacienda entre dos particulares, el hecho de que estas operaciones tengan lugar en un mercado de bolsa hace que esto se compense dentro del propio mercado.
“Si un productor, por ejemplo, se comprometió a entregar 100 toneladas y entrega 80, el mercado mismo genera las compensaciones. Porque si el precio subió respecto de lo pactado, esa diferencia a favor permite pagar la falta de producción. Y si el precio bajó, el precio pactado es superior al valor de mercado, por lo cual se compra a ese valor inferior lo necesario para compensar”, explica.
El clima
La sequía de los últimos días ha repercutido marcadamente en la comercialización de cereales, ya que se aceleraron algunos ciclos de cebada y trigo, y se estima que un alto porcentaje de la superficie destinada a gruesa todavía está sin sembrar.
“Estamos atravesando una situación climática complicada, hasta que no llueva no sabremos si la situación se normalizará y se retomará la siembra de segunda. Empezaron a entrar algunos lotes de cebada, hubo mucha superficie sembrada y aparentemente se ha logrado buena calidad, y están entrando también los primeros lotes de trigo, y algo de avena”, indica.
“Quizás el grueso del trigo estará para navidad, y después esperamos los lotes de alpiste, que siempre suele estar para fin de año o enero, a veces se adelantan si están hilerados, y lo que está en pie, un poco más tarde. Hay cierta incertidumbre respecto del efecto que puede tener este calor de fin de año, provocando algún arrebato en el llenado del grano, estamos en una situación que podría describirse como una tensa calma”, agrega.
“En cuanto a los márgenes, ha habido un incremento en los costos de producción que nos se ha visto reflejado en los precios de los commodities, que están muy tranquilos. Algunos analistas hablan de que un aumento de tasas en Estados Unidos puede repercutir negativamente en los precios, ya que el fortalecimiento del dólar provocaría una migración de los fondos de inversión, mientras que otros afirman lo contrario. Pero bueno, son análisis económicos, lo importante es que frente a estas cuestiones e incertidumbre, se dispone del mercado y de estas herramientas que nos permiten asegurar el precio y tomar una posición”, concluye. Fuente: Diario El Popular, Olavarría. Nota: Miguel Viñuales.

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