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La protesta de productores e instituciones en la ciudad santafesina de Armstrong, recientemente, sigue abriendo la grieta entre el campo y el gobierno nacional. Los siete cortes que no se pueden exportar durante dos años, la situación de un ministro como Julián Domínguez que está en el medio del tire y afloje, y una situación de nunca acabar en la que el mayor perjudicado es el propio país. Finalmente, todos coinciden en algo más allá en el precio de la carne, las exportaciones y la lucha del día a día: hace falta dinero en el bolsillo de los argentinos. Hablaron Juan Emilio Arlt, Gustavo Lázzaro y José María Ortiz para dar sus opiniones sobre el tema.

La situación de conflicto entre gobierno y el campo es de nunca acabar. Ya es una cuestión de fondo, parece. De ideologías, porque desde los estamentos más altos del gobierno nacional hay –y esto viene desde hace mucho tiempo, sobre todo en las administraciones kirchneristas- un enfrentamiento brutal, que se ha manifestado una vez más en estos últimos años que hacen que el mismo país sea el perjudicado. Y su gente, claro está. En el medio de ese tire y afloje están los argentinos, los primeros perjudicados de medidas que se toman que están teñidas de un marcado desconocimiento. Y eso es lo más lamentable, claro está.

La llegada de Julián Domínguez como ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca hasta el momento no ha solucionado nada. Hay que reconocer que tiene buenas intenciones, que sus ganas de solucionar problemas están, pero se encuentra en el medio porque desde arriba el gobierno de Alberto Fernández le pone límites y es ahí donde todo se frena.

No sorprendió entonces que recientemente productores de distintos puntos del país (Santa Fe, Córdoba y del norte bonaerense, principalmente) se reunieron en la ciudad santafesina de Armstrong, donde se realiza una de las dos muestras más grandes del agro argentino, AgroActiva (la otra es Expoagro, que se realiza en San Nicolás). Allí manifestaron todo su enojo ante el gobierno y también hubo palos, y fuertes, para la Mesa de Enlace porque la acusan de estar muy cerca del gobierno y no defiende los intereses del campo.

En ese encuentro en Armstrong resaltaron las demandas de los productores Jorge Chemes, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA); Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA) y Carlos Achetoni, titular de la Federación Agraria Argentina (FAA). Y el enojo es tal que la CRA, la SRA y la FAA decidieron alejarse de la gestión de Domínguez al salir del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA).

La situación es igual en todo el país, obviamente. Aquí se perjudican todos: los productores en primer lugar, todos los que trabajan en los segmentos intermedios y principalmente la gente. Por ese ensañamiento del gobierno con el campo (que viene desde la época de Cristina Kirchner), más allá de que siempre se dijo que la Argentina es campo y a partir de él son muchos los rubros que generan trabajo. La pirámide tiene una base muy grande con gente que trabaja en el sector, pero el gobierno parece que no lo ve. O no quiere verlo. Y así estamos. Al campo lo ve como un enemigo, cuando debería ser su mejor aliado sobre todo cuando de incorporar dólares se trata, ya que es una fábrica de ingresos que no hay que desperdiciar, aunque sus “principios” le digan lo contrario.

Volviendo al tema carne, salvo siete cortes parrilleros (asado, falda, matambre, tapa de asado, cuadrada, paleta y vacío) que no se podrán colocar en el exterior, desde enero próximo no habrá cuotificación de los embarques. Domínguez dijo que “hay un plan nuevo de ganadería libre, siete cortes quedan para el abastecimiento, lo demás es libre”.

Domínguez precisó que se atendió lo que pedían las entidades del sector con respecto de los animales que se exportan para China, el mayor comprador. En rigor, con el nuevo esquema las vacas viejas categorías D, E y F se podrán exportar sin cupos ni restricciones (para las vacas viejas, vale agregar, no corre la prohibición de los siete cortes). Queda, no obstante para su evaluación en abril próximo cuando se conozcan datos sobre el stock, la discusión sobre la vaca gorda de la categoría C. Un Consejo Consultivo donde participarán diversas entidades del agro, entre otros organismos, será el encargado de analizar la marcha de las medidas. Las entidades del campo valoraron el anuncio, lo que despeja por ahora un escenario de conflicto, aunque también señalaron que “falta”, obviamente en relación a la vaca categoría C.

Lo bueno es que ahora la vaca vieja, la llamada conserva, puede venderse al exterior. Aunque la resolución llegó un poco tarde porque la Argentina fue perdiendo mercados que despaciosamente y en silencio fueron ganando Uruguay y Brasil. Se da una bocanada de aire fresco para el productor (el pequeño y también al mediano, sobre todo), porque esa vaca vieja que no vendía y debía regresarla al campo, donde moría indefectiblemente sin tener nada de dinero a cambio (una pérdida total), ahora se puede vender. Con ese dinero puede comprar insumos para seguir trabajando con el resto del plantel, o hacer recría, o engordar vaquillonas o novillos. En fin, un circuito que es conocido en el campo. Menos en el gobierno…O si. Pero su lucha ideológica contra el campo es mucho más fuerte. Que no sólo perjudica a la ganadería, sino también a la agricultura con las medidas que se vienen tomando que complican al trigo y al maíz. Como si eso fuera poco, la sequía que se viene es otro palo en la rueda para todos los agricultores argentinos.

Para opinar sobre estos temas, uno de los requeridos fue Juan Emilio Arlt, un productor radicado en Coronel Suárez que es asiduo visitante en los remates de hacienda en la Sociedad Rural de Olaarría -también representante del frigorífico EcoCarne, para el que compra en los distintos remates en el centro de la provincia. Al respecto, Juan dijo que “muchas miras de mejorar esta situación no tiene. Porque ahora está el tema de esos siete cortes, por un lapso de dos años. Y las matriculas que dieron de baja con la exportación y las habilitaron más. A esos frigoríficos con problemas impositivos en el medio les dieron de baja y no van a abrir más”.

“Pero el problema acá es que la gente no tiene dinero. El mostrador no aguanta otra suba, no hay dinero para comprar carne ni para comprar nada porque los sueldos no alcanzan. Hay medidas que por más que las tomen, no van a dar resultado. Además, quién va a comer la vaca que iba a China si en la Argentina a esa vaca no la come nadie. Esos cortes baratos veremos qué supermercado los va a trabajar, porque quieren reemplaza al novillo por la vaca. Y en los remates se ve que la hacienda de invernada va a mil por hora en relación con el gordo. Los feedloteros la pasan mal también. Lo que no da es la reposición para la invernada. No hay dinero para vivir, porque los sueldos no van a la par de la inflación. Ese es el mayor problema que tenemos en la Argentina”, afirmó Arlt.

En tanto que el olavarriense Gustavo Lázzaro, propietario de una reconocida carnicería y también productor, señaló que “en el día a día en el mostrador la gente habla de que no tiene plata. Compra por el dinero que tiene. Lleva dos o tres cosas, va controlando lo que gasta. O me dice dame 300 pesos de algo específico. Evidentemente no hay dinero. Esa es la verdad. Busca la oferta, los cortes más económicos, aunque hay todo tipo de clientes. Hay quien busca el lomo. No sé si la gente prefiere consumir en otras cosas, y no tanto en la carne, como en pollo, cerdo, fruta, verduras, y la carne de lanar se viene con todo. Básicamente se nota eso, que falta dinero. Y buscan las ofertas preferentemente, así que consulta cuánto lleva gastado en el mostrador”.

“La vaca no puede dejar de exportarse, porque es el último eslabón del productor donde saca su rinde. Si no se muere en el campo porque no tiene mercado interno, al menos tiene el mercado externo. Aunque se exporte o no, si no hay dinero la gente no compra carne, no consume. Pero en la Argentina no se consume la vaca, aunque sea una alternativa. Yo tengo dos mostradores, y la vaca sale pero la gente prefiere consumir, novillo o vaquillona que es donde está la mejor calidad. Y si es posible, a un precio moderado. En la cadena el productor fue el mayor perjudicado cuando se cortó la exportación de la vaca” terminó diciendo Gustavo Lázzaro.

En tanto que el dirigente de la Sociedad Rural de Olavarría, José María Ortiz, respecto del encuentro efectuado recientemente en Armstrong, dijo que “son varias las cosas que se juntaron en estos últimos días. Tres de las cuatro integrantes de la Mesa de Enlace se retiraron del Consejo Agroalimentario, por ejemplo. También estuvo el reclamo del sector, porque hay una gran parte del sector afectada por el tema de la sequía y allí sufren los productores, y el arranque del año con los condicionamientos para exportar, con tantas limitaciones de la carne. La gente está cansada. Quieren (en el gobierno) seguir controlando con medidas que no son efectivas, por lo que todos están mal. Es un arranque de los productores lo que se hizo en Armstrong para exigir a la conducción de las entidades más firmeza, menos diálogo y más reclamo. El diálogo con el ministro Julián Domínguez sirvió de poco, porque si bien hubo algunos retoques quieren seguir controlando la exportación. No hay modificaciones. Tiene fórmulas que el kirchnerismo que las viene repitiendo desde la 125 para adelante, o quizá antes porque el control de la exportación viene de antes y eso trajo como consecuencia 11 millones de cabezas que se perdieron”.

“Es que cuando el negocio deja de ser buen negocio, la gente no invierte más. Y en lugar de producir, deja de producir. Es así, lamentablemente. Repiten fórmulas que no funcionan. Controlar la venta de la carne con limitaciones no sirve, e insisten con lo mismo. Y lo peor es que no escuchan. Quieren mostrar que hay diálogo por un lado y por el otro repiten esas fórmulas que son desastrosas, porque quieren que haya más cantidad de carne en el mercado pero con esta norma no lo van a lograr. Con la vaca vieja el negocio es venderla afuera, porque la gente no la quiere ya que en la Argentina se come bien, come vaquillona o novillo. Y a pesar de los valores, sigue consumiendo carne. No se le puede cambiar esa costumbre por más que sea barato el pollo, y lo que hay que hacer es darle medios al productor, dejarlo exportar, para tener mayor producción. Esa es la forma” siguió diciendo Ortiz.

“Cuando algo no es rentable, no se invierte. Como en agricultura, que si deja buenos precios internacionales siempre es viable. Pero si le sacan el 35 por ciento, si ponen el dólar a la mitad de lo que vale, si los insumos se duplican en su precio, entonces deja de ser negocio. Y ni hablar de una situación actual, con esta sequía de ahora. Obviamente, el único que se perjudica y le va mal es el productor que invirtió y que además compró herramientas. Con estas medidas es imposible seguir invirtiendo, porque tampoco no hay respaldo. Siempre quieren sacarle algo más al campo; no se les cae ninguna otra idea, lamentablemente”, terminó diciendo José María Ortiz. Fuente: El Popular. Nota: Darío Fariña.

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