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Hortalizas orientales: sabores asiáticos ideales para cultivar en nuestra huerta este invierno

Son muy resistentes al frío, ideales para cultivar en el período invernal, muy nutritivas y cada vez más presentes en la gastronomía argentina. Variedades como hakusai, pak choi, tatsoi, mostaza y mizuna son ideales para darle color y variedad nutricional a nuestra alimentación. 
Agricultura29 de junio de 2026 Campo Industria

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Durante años estuvieron asociadas exclusivamente a las comunidades asiáticas, pero desde hace un tiempo, las hortalizas orientales comenzaron a expandirse más allá de los mercados especializados y hoy despiertan el interés de productores y consumidores que buscan incorporar nuevos sabores, colores y propiedades nutricionales a su dieta.

Las especies como hakusai, pak choi, tatsoi, mizuna y mostaza, son algunas de las hortalizas de hoja de las consideradas orientales, las cuales pueden convivir en nuestra huerta con hortalizas tradicionales como lechuga, acelga, espinaca, rúcula, o cualquier hortaliza que queramos producir este invierno.

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La provincia de Buenos Aires concentra la principal zona de producción nacional, en gran medida vinculada históricamente al asentamiento de inmigrantes japoneses, chinos y coreanos desde principios del siglo XX. Allí, muchas de estas especies comenzaron cultivándose para autoconsumo y abastecimiento de las propias colectividades, aunque con el paso del tiempo lograron insertarse en verdulerías, mercados orgánicos y restaurantes.

En países asiáticos, especialmente en Japón, este tipo de hortalizas tiene gran importancia en la dieta, por ejemplo el hakusai (Brassica rapa var. pekinensis) también conocido como repollo chino, registra un consumo aproximado de 11 kg por habitante al año (Kikkoman, 2022), tanto en fresco como en productos procesados. Lejos está de los valores que consumimos en nuestro país, aunque sí es una hortaliza con un consumo en crecimiento.

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Además de ser cultivos especialmente interesantes para la producción invernal debido a su gran adaptación a bajas temperaturas y buena tolerancia a heladas, son muy atractivos visualmente por la forma de sus hojas y sus colores.

Tal vez, la más difundida en Argentina, o que se viene consumiendo hace más tiempo, es el hakusai, que es una de las hortalizas orientales más versátiles. De hojas tiernas y textura crocante, se caracteriza por su excelente adaptación al frío y por su destacada capacidad de conservación postcosecha. Sus requerimientos nutricionales son similares a los de la lechuga y su ciclo productivo puede extenderse entre 60 y 120 días, según la variedad y las condiciones ambientales (según se desee consumir sus hojas sueltas o arrepollado). Se puede consumir crudo en ensaladas, en sándwiches, cocido en sopas, salteados y guisos; y como envoltorio natural de otros alimentos. Uno de sus destinos más populares es la elaboración de kimchi, tradicional fermento coreano que ganó presencia internacional por sus propiedades probióticas y beneficios digestivos, y que se ha comenzado a difundir también en Argentina.

Otra de las estrellas del invierno es el pak choi (Brassica rapa var. chinensis), fácilmente reconocible por sus tallos blancos carnosos y hojas verdes intensas. Su nombre deriva de una expresión china que significa “hoja acucharada”, en referencia a la forma característica de su follaje. Su sabor recuerda levemente a la acelga, aunque con una textura mucho más crujiente. En crudo, presenta un toque picante suave, que desaparece durante la cocción, dando lugar a sabores más dulces y delicados.

El tatsoi (Brassica rapa var. narinosa), se destaca por su forma compacta en roseta y su notable resistencia al frío extremo. Algunas variedades incluso pueden crecer bajo la nieve, característica que lo convierte en un cultivo ideal para zonas frías y producción invernal. Por su color verde intenso y la suavidad de sus hojas jóvenes, el tatsoi se convirtió en un ingrediente muy valorado para mix de ensaladas gourmet. También puede utilizarse cocido, como reemplazo de la espinaca.

En el caso de mizuna (Brassica rapa var. nipposinica) se caracteriza por presentar rápido crecimiento y poseer hojas finamente recortadas y de sabor suave alimonado. Y la mostaza oriental (Brassica juncea) es de sabor picante, rica en compuestos azufrados. En ambos casos también son ideales para ensaladas glourmet de mezclas de hojas.

El avance de la cocina asiática, la búsqueda de alimentos funcionales y el interés por dietas más saludables, parecen abrirles definitivamente la puerta a estas hortalizas en la dieta. Por tal motivo, dichas especies representan una alternativa interesante para diversificar la producción de invierno, por su buena adaptación climática, ciclos relativamente cortos, su versatilidad, creciente demanda gastronómica y diferenciación comercial. Además, muchas de estas hortalizas poseen excelente comportamiento poscosecha, ya que duran bastante luego de la cosecha. 

Por otro lado, a nivel global, se ha detectado la aptitud de las mencionadas especies asiáticas a la producción de microgreens, microhortalizas supernutritivas de ciclos muy cortos (de 2 – 3 semanas), las cuales pueden presentar concentraciones de determinados nutrientes entre 10 y 40 veces superiores, respecto de sus homónimos maduros (Rangel Frias et al. 2018). Además, otros autores han indicado, en trabajos científicos recientes, que los microgreens de tapsoi, por ejemplo, constituyen un valioso alimento funcional rico, no solo en compuestos aromáticos, sino también en ingredientes bioactivos con potencial para contribuir a la prevención de trastornos metabólicos, como  obesidad, diabetes, enfermedad del hígado graso (no alcohólico), enfermedades cardiovasculares, incluyendo hipertensión, aterosclerosis e infarto de miocardio (Yuxuan Xie et al., 2026); razones que demuestran la importancia de la incorporación a la dieta de esta y de otras especies asiáticas, obtenidas mediante sus múltiples formas de producción.

Así, lo que durante décadas fue patrimonio casi exclusivo de las colectividades orientales, hoy comienza a integrarse a las mesas cotidianas y a las huertas familiares, aportando diversidad, sabor y nuevas oportunidades productivas para el invierno.

Esta nota se realiza en el marco del Programa de Investigación y Transferencia Tecnológica 03A/257 “Cadena Espárrago bajo un enfoque sistémico” y del Proyecto de Extensión “El verde es Vida como estrategia de Economía circualar desde la producción al consumo” de la Facultad de Agronomía de la UNICEN y del Proyecto interuniversitario “Agricultura Circular, como herramienta para la optimización de la sostenibilidad, biodiversidad y calidad en el sector agroalimentario argentino y para una alimentación saludable de la población” de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agrarias, UCA; iniciativas que promueven la producción, valorización y consumo de una amplia diversidad de especies hortícolas, especialmente aquellas innovadoras y con potencial de diferenciación, producidas bajo criterios de sustentabilidad ambiental, económica y social. Estas acciones buscan contribuir a sistemas alimentarios más diversificados, saludables y resilientes; contribuyendo al  fortalecimiento de las producciones sustentables de hortalizas (entre otras especies), inclusive en ámbitos urbanos, y propiciando el acceso de los consumidores a nuevas alternativas alimentarias, para optimizar su alimentación y calidad de vida.

En el marco de dichos proyectos se han efectuado ensayos de diversidad de especies de hoja (Lechuga, acelga, kale, radicheta, radicchio y rúcula; incluyendo además asiáticas como mizuna, tatsoi y hakusai), en canteros con buena productividad. En dichos casos se ha detectado en diversas de dichas especies muy buena respuesta no solo a la producción en canteros, sino también al manejo sustentable que incluye el empleo de biofertilizantes foliares y radicales, demostrando mejor productividad cuali y cuantitativa, estudios que deben profundizarse. 

Autoras: Ings. Agrs. María Belén Rosini (UNICEN) y Ana María Castagnino (UNICEN y UCA), integrantes de los proyectos interinstitucionales mencionaldos.

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