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Bunge y Basf, dos gigantes en serios problemas

La firma de fertilizantes cerró su planta en Campana, mientras que la alemana suspendió un turno porque no vende nada.
29 de octubre de 2026 Campo Industria
Bunge
Bunge

La crisis económica que generó el gobierno de Javier Milei se sigue cargando a empresas de todos los tamaños. En las últimas horas se sumaron dos a la lista de los gigantes malogrados: la empresa del agro Bunge cerró una planta entera por caída de la demanda y la alemana Basf se vio obligada a suspender un turno de producción por sobre-stock y ventas bajas.

El gigante de los fertilizantes cerró su planta de producción de amoníaco y tiosulfato de amonio en Campana, provincia de Buenos Aires. La medida afecta a 110 empleados, que serán desvinculados.

Se debe a una combinación de factores que afectaron la viabilidad del negocio, entre ellos la caída de la demanda. La decisión pone fin a la fabricación local de dos productos utilizados en la actividad agropecuaria.

El amoníaco es un insumo clave para la industria de fertilizantes, mientras que el tiosulfato de amonio se emplea como fuente de nutrientes para los cultivos. La empresa empezará a importar el producto desde China.

Uno de los puntos centrales de la decisión es su impacto laboral. La planta cuenta con 110 empleados y la empresa reconoció que la medida tendrá consecuencias para los trabajadores y sus familias. La demanda de fertilizantes en la Argentina está vinculada principalmente con la producción de cereales y oleaginosas.

Bunge es uno de los principales actores globales del negocio agroindustrial, con actividades que incluyen el origen, almacenamiento y distribución de granos, además del procesamiento y la refinación de oleaginosas. Su operación internacional abarca más de 50 países. Tiene su sede registrada en Ginebra, Suiza, y su sede corporativa en St. Louis, Missouri.

Bunge tiene más de 140 años de presencia en la Argentina, donde emplea a unos 4.500 trabajadores y cuenta con alrededor de 60 instalaciones. Sus actividades abarcan la comercialización de granos, la molienda de soja y girasol, la producción de aceites vegetales y la distribución de fertilizantes. A escala global, la compañía reúne aproximadamente 34.000 empleados y más de 500 instalaciones y terminales portuarias.

La situación en BASF

En la misma línea, la alemana BASF comunicó que a partir del 1º de noviembre, la compañía química reestructurará el esquema de trabajo en su planta instalada en la localidad de General Lagos, pasando de cuatro a tres turnos rotativos. Informaron que el objetivo es “fortalecer la competitividad y sostenibilidad de la operación del negocio de Dispersiones y Resinas en el largo plazo”.

Precisaron que “la decisión responde a una combinación de factores del negocio, entre ellos la demanda, la sobrecapacidad local y regional, la presión de precios y los costos fijos”.

El complejo de General Lagos cumple un rol estratégico en la cadena de valor provincial y regional.

Por un lado, elabora dispersiones poliméricas y aditivos que abastecen a industrias clave como la construcción, la fabricación de pinturas, impermeabilizantes y adhesivos.

Por otro, en el mismo predio funciona un relevante centro de distribución de productos para la protección de cultivos, un engranaje logístico clave para la provisión de insumos hacia el sector agroindustrial.

En total, la planta involucra a unos 150 trabajadores entre empleos directos e indirectos. La empresa afirmó que “la planta continuará operando y mantendrá un rol relevante dentro de la red regional de abastecimiento de la compañía”.

Según la información oficial de la empresa, “esta medida no implica el cierre de General Lagos ni afectará el abastecimiento al mercado, que continuará siendo atendido con normalidad y bajo los mismos estándares de calidad, seguridad y servicio”.

En el mismo texto, la firma intentó disimular la crisis asegurando que la reducción de los esquemas de trabajo es una “optimización de su modelo productivo” destinada a “fortalecer la competitividad y sostenibilidad de la operación del negocio de Dispersiones y Resinas en el largo plazo”.

Qué dijo el sindicato

En este contexto, el Sindicato de Trabajadores Químicos de Rosario salió a exponer la situación. La organización gremial se declaró de inmediato en estado de alerta y asamblea permanente dentro de la planta para monitorear la evolución del conflicto y evitar un goteo mayor de puestos de trabajo.

“Hay trece trabajadores menos en la planta”, declaró Rubén Carroselli, referente de la comisión directiva del gremio químico rosarino, al detallar el balance numérico tras las primeras semanas de negociación.

Fuente: www.pagina12.com.ar

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