

Néstor Hugo Fuentes y sus 50 años martillando y vendiendo vacas, codo a codo con su esposa: “Gabriela le cambió la cara a la casa”
Darío Fariña




POR DARIO FARIÑA, ESPECIAL EN ACHA. Néstor Hugo Fuentes es de pocas palabras. Que dicen lo justo y necesario. Hasta parece que te mide con la mirada. Inclusive termina los remates y se recluye en su casa (está en el mismo predio ferial), como buscando la tranquilidad luego de una larga jornada de trabajo.

Pero esta vez fue diferente. Porque en 2026 cumple nada menos que 50 años con el martillo (el aniversario es en junio) y se lo vio distendido, hablando con todos los periodistas que hacíamos fila para sacarle algunas declaraciones.

Y atendió a todos. Amablemente. Sin problemas. Hablando más distendido que nunca (quizá, más que aquella vez que en una hermosa entrevista con campoindustria habló de su vida, largo y tendido). El Destetes del Natural -tradicional remate de General Acha, La Pampa- daba ese marco para que estuviera relajado, aunque no sea de sonrisa fácil.

Ya se lo había visto feliz en la noche del miércoles 15 (el remate fue el jueves 16) hablando con sus amigos, su colega Ricardo Arzoz y el periodista Alfredo Guarino. Y seguramente se ablandó más de lo esperado cuando durante el almuerzo recibió muchas distinciones y reconocimientos.

El hombre de las cinco décadas martillando, tuvo su día tan esperado. Uno de esos días especiales. Que, seguramente, no imaginó en absoluto cuando tenía apenas 19 años y arrancó en esto de vender vacas que se transformó en su pasión. Y lo seguirá haciendo, sin dudas, más allá de que -como dijo en la nota- está preparando a sus sucesores.

Sus hijas Verónica (vive en Montreal, Canadá), María Eugenia (en Buenos Aires) y Ana (en Plottier) no le tomaron el gusto a la profesión del padre, pero sí lo hizo su actual esposa Gabriela Iturrioz y el pequeño Benjamín -el hijo de ambos, de 10 años- que ya anda con el martillo en la mano y aprendiendo los secretos de la profesión.

Compartimos la entrevista con el colega Carlos Lastra, que abrió el juego con las primeras preguntas, y luego lo fuimos llevando para el lado de su historia, de algunos capítulos de su rica historia, que fue contando amablemente. Y de su actualidad por supuesto. A esa altura, el corazón se le había ablandado a Néstor. Había pasado al ser el de casa, el esposo, el padre.

Está terminando un gran día, una fila extraordinaria. Gustó muchísimo la cantidad de manos, es decir, que no se concentró en unos pocos la venta y ha comprado gente de todos lados
Sí, sí. La cantidad hace que venga mucha gente buscando el negocio. Cuando uno suelta nueve mil cabezas a un promedio de un millón y medio, es una fortuna. Entonces lo mejor que puede pasar es que se multipliquen los compradores y las cuentas no sean tan grandes para traerlo de vuelta a todo eso. Es una pelea de todos los días. Mucha gente, mucha gente amiga vino que no pudo comprar. Hay gente que, por ejemplo, el papá de un señor, cuando nos quedamos solos, cuando casa Martocchi deja de trabajar y nos quedamos solos, vino a verme y me dijo, “¿qué va a hacer usted?”. Y, le digo, me ha ofertado Lalor, me ha ofertado gente para trabajar con ella. “No, no, no, me dice. Usted arranque. Yo le voy a pagar en los próximos diez días dos mil terneros. Sí, sí, tengo la plata. Y usted me los junta y me los manda cuando los tenga”. Me pagó dos mil, así arranqué. Cómo uno no va a recordar y agradecer eternamente eso. Y están el hijo y los nietos hoy acá en General Acha.

Mucha madre, mucha hembra que queda para madre. Y mucha que queda para madre en La Pampa
Sí, que es todo un logro, todo un logro. Hoy esperábamos tener más hembras pesadas, pero vino menos, y me alegró muchísimo porque esa ya quedó en el campo, esa ya quedó en el campo.
El precio se ha reacomodado
En el ternero se notó más el reacomodo, en la hembra fue destacada la muy elegida, y la otra fue normal, precio de mercado.

Una gran venta, una gran organización, y cerca de mil personas acompañándolo
Sí, sí, sí. La satisfacción de invitar es que vengan. Si invitamos, es lindo que vengan. Y con respecto a la organización, ha crecido mucho el equipo. Hay muchos jóvenes e inclusive hoy estuvieron tres martilleritos. Así es la manera de pensar en la continuidad más allá de las personas.
Pero tienen un espejo dónde mirarse
Tratamos de que se formen bien.

Hace cincuenta años, no sé si imaginaba llegar este día, y ahora que llega este día cuando mira para atrás, ¿qué ve?
Lo que pasó en La Pampa, lo que pasó en el país, nos pasó en la actividad. Hubo años que, siempre lo digo, un rollo valía 300 pesos y una vaca 100. Se perdía plata en cada paso que daba. Vendía diez vacas más, perdía diez más. Era así. En esa sequía grande, la familia Barroto, que es de la que hablo yo, de Córdoba, me mandó rollos, porque acá no teníamos para comprarlos. Me mandó rollos. Y un día se nos murieron, en esta feria, con los camiones hasta allá abajo, 287 vacas en tres días. De flacas, venían con lo justo. Si Senasa se ponía en duro, si la policía no las dejaba bajar por algo, se morían las vacas en los camiones. No podíamos ganar plata nunca nosotros. Si el productor se fundía, nos fundíamos nosotros. Después fue cambiando. Y ojalá no vuelva a esa época por el bien de todos. Como mirada positiva es el hecho de haber aguantado en la actividad, de haber entendido cómo era, y ganar plata estamos ganando en los últimos 24, 25 o 26 años. Ahí, en ese lapso, se gana plata.

Néstor, en todo este éxito, más allá del gran momento que estamos en la ganadería, ¿cuánto tiene que ver también Gabriela en todo ese éxito de Néstor Hugo Fuentes?
Gabriela le cambió la cara a la casa. Le cambió la cara aggiornando los medios de comunicación, la manera de transmitirlo. Ella es muy carismática e invitando a su manera, nosotros no lo hacíamos. Y seguramente no lo hubiéramos hecho. Entonces, le dio un toque de renovación. Un gordo amigo mío, muy amigo de General Roca, Río Negro, me llamó un día y me dice, con otras palabras, ¿no?: “Dejate de joder. Dejala que ande ella. ¿Vos qué va a hacer?. Nos cambió la cara, tenemos ganas de verla a ella. Vos nos aburrías. Cada vez que hablabas nos aburría”. Y tiene que ver con que la gente cuando hay renovación, se entusiasma. Y después hay que sostener esa renovación, hay días que ni camina de cansada y, bueno, la fama cuesta.

¿Es cierto que al principio mucho no querías que martillara, pero un día le dijo “ahora Gabriela, empezá vos”?
No, no es que no quería, yo quería que se formara. Un martillero, cuando debuta, tiene que tener una base. Si se quema en el primer remate, le va a costar el doble. Entonces, yo la frenaba y se me enojaba, teníamos unas crisis a punta de revólver casi. Es así.

Próximos remates



































