

Héctor Mario Eyherabide: arrancó a los 15 años con una vaca que le regaló su papá y hoy, seis décadas después, no para de ganar
Darío Fariña




POR DARIO FARIÑA, ESPECIAL EN AZUL. El 10 de diciembre -el día que asumen los presidentes en la Argentina- cumplirá 80 años Héctor Mario Eyherabide, el propietario de la cabaña Santa Cecilia. Pero él no le hace demasiado caso al calendario, porque entre sus dos amores (su familia y la ganadería) los días se le pasan entre sonrisas y abrazos.

En la Expo Otoño de Shorthorn que se llevó a cabo en la Sociedad Rural de Azul -el 16, 17 y 18 de abril- nuevamente sus animales estuvieron en el podio, con un regalo extra: una ternera que tiene en sociedad con Las Tranqueras, fue la Mejor Tercer Hembra. Como si hubiese faltado algo, eso fue la frutilla del postre.

Se lo ve relajado a Héctor Mario, descansando ahora en la conducción de su hijo Francisco en lo que es la cabaña, así que además de sonreír en la pista cuando recibe algún premio le gusta disfrutar de su familia y, también, sus amigos que ha conocido en esta actividad.

Habló con campoindustria.com luego de la jura de clasificación (que estuvo a cargo de Juan Jorge García) para que nos contara algo de su vida, de su trabajo, de sus sueños, de todo lo que lo rodea. Era una charla pendiente de hace tiempo que, finalmente, pudimos concretar en Azul.

¿Héctor Mario, desde cuándo está con la cabaña, con animales? ¿Cómo arrancó todo?
Te cuento. Yo me crié en un campo de mi abuelo Julián, donde había mucho Shorthorn. Eran tambos a mano de Shorthorn, en la zona de Navarro. Así que con él y un tío mío, Francisco, aprendí y mamé todo eso, digamos. Así que desde chico tenía ese contacto con la raza. Y cuando yo tenía quince años mi padre (Héctor Raúl, le decían Tito) me regaló la primera vaca de pédigree. Así que hace ahora 65 años de eso. Ahí arrancamos de a poquito. Una vaca, a la segunda vaca la compré de cuatro años después, así que era una cuestión que había para meterle para adelante. Esta fue siempre mi pasión, y convencido. Antiguamente era más por pasión, y después ya trabajando como ingeniero agrónomo, administrando campo y produciendo veía las virtudes productivas. Sobre todo como raza cruzante. Hice muchos viajes afuera, a ver rodeos, a ver cabañas, exposiciones importantes.

¿En qué países estuvo?
En Estados Unidos, mucho. Algo Inglaterra, estuve en Sudáfrica, estuve en Canadá y mucho acá en Sudamérica, Uruguay y Brasil. Y ahora, en los últimos treinta o cuarenta años, después de haberla probado y haber explotado la raza en un montón de condiciones distintas, de haber visto su calidad de producción, su calidad de carne, la calidad materna, etcétera, etcétera, y después de que la raza -como todas- diera una serie de vueltas, hoy es una raza muy útil. Hoy acá en la Argentina no se explota para nada, no se usan para nada los beneficios de los cruzamientos entre razas. O sea, el choque de dos razas, aunque sean parientas o muy cercanas como las británicas -Angus, Hereford o Shorthorn- tienen un aumento de producción de hasta un veinte por ciento. Eso es con costo cero, porque vos a las vacas le tenés que echar un toro, ya sea pintita, amarillo, verde o lo que fuera, ¿entendés?. Y los toros valen todo lo mismo. Entonces, esa luz de producción que te lo da lo que se llama heterosis o vigor híbrido no lo aprovechamos en la Argentina.

¿Por qué?
Y porque somos…qué sé yo. Alguno dice “yo quiero que las vacas sean todas igualitas, todas negras o todas verdes o todas coloradas”, y así estamos desperdiciando, como te digo, ponele el quince por ciento sin costo, No es que hay que tener una máquina X para ese manejo. Es que, evidentemente, hemos estado demasiado cómodos los productores para desperdiciar ese quince por ciento. Posiblemente, no se han difundido demasiado los beneficios y entonces hay mucha gente que no conoce o le parece que le van a salir las vacas con tres patas si cruza una raza con otra. Yo ahora estoy en un grupo con un par de técnicos de primer nivel, yo no sino Francisco, mi hijo, porque estamos analizando y promoviendo el tema de los cruzamientos. Y para esas condiciones el Shorthorn aporta un montón de características positivas.

¿Cuándo arrancó era con una vaca Shorthorn y ahí se enamoró de la raza y toda la vida con Shorthorn?
Exactamente. Después arrancamos con algo de Angus, que fue casi una casualidad. Porque allá por el año 2002/2003 un señor que tenía Angus quería comprarnos embriones de Shorthorn y en definitiva hicimos un canje de embriones, diez embriones de Shorthorn le daba yo y diez embriones de Angus nos daba él, y tuvimos la suerte que con la primera cría de ese canje sacamos la tercer mejor hembra en Palermo en el año 2005. Y a partir de ahí ya tuvimos muy buena performance en Angus.

Pero Shorthorn está en el corazón…
Sí, obvio, y cada vez más, cada vez más.
Es más, Santa Cecilia se transformó en una de las cabañas referentes por excelencia, de alguna manera.
Bueno, eso lo decís, yo no, no lo puedo decir.

¿Qué se siente ser ganar un año y el otro año y el otro año? ¿Qué se siente ganar así?
Mirá, tenemos la suerte de haber ganado en los últimos nueve años de Palermo. En los últimos nueve haber sacado ocho Gran Campeón Hembra, que son las madres de donde sacamos embriones. Es la fábrica. O sea, esto es récord mundial para cualquier raza, de nueve años ocho consecutivos. Pero da la casualidad que empezamos esa rutina de suerte, digamos, o de éxito, cuando Francisco, mi hijo (foto inferior), empezó a full a dedicarse a eso. El es ingeniero agrónomo, pero calculá que en 2016 cuando sacamos la primera gran campeona él todavía estaba en el secundario.

¿Francisco le ha dado un aporte importante a la cabaña?
Sí, sí, sabe un montón, trabaja mucho, le gusta la actividad y hoy está asesorando a varias cabañas de Angus.
¿Cómo es su día a día?
Hoy mi día a día es súper tranquilo, ya estoy como jubilado. Pero siempre pensando en este tema o generando algún tipo de proyecto dentro de esta actividad.

Que trabaje Francisco y usted va a Palermo a festejar entonces…
Exactamente, jajaja.
En la Expo Otoño le fue muy bien
Sí, muy bien, muy bien. Por suerte el nivel de la raza viene creciendo muy bien, o sea se ha emparejado el nivel. Ha levantado mucho. Es más satisfacción o mérito de Fran ganar en estas competencias más cerradas.

Además tiene una ternera en sociedad con Horacio La Valle y su esposa Marta lo cual no deja de ser un orgullo, una satisfacción, ¿no?
Exactamente. Nosotros tenemos varias sociedades así que vendemos el cincuenta por ciento de algún animal y tuvimos el honor de que el año pasado en el remate Genética de Elite de Carlos Ojea Rullán, ellos compraron el cincuenta por ciento de la elección de una ternera futura. Que la conocieron acá, en Azul, la conocieron acá, en esta Expo Otoño donde fue Tercer Mejor Hembra haciendo una ternera.

¿La familia siempre acompañándolo?
Siempre, siempre, siempre. Voy a todos lados con mi señora Raquel Márquez. Yo tuve un primer matrimonio, después enviudé y tengo dos chicos grandes que se llaman Amalia y Julián, que cada uno tiene tres chicos y tengo seis nietos. Después enviudé, como te decía, y me volví a me casar con Raquel y tenemos tres chicos: Francisco el mayor, que tiene 27 años; una hija, Ignacia, de 25 años, y anda paseando por el mundo. Ahora está en Costa Rica y de ahí se va a Australia, así que por un año no la veo. Y el más chico que se llama Fermín, que tiene 20 y está estudiando en Buenos Aires. Yo me aferro mucho a la familia, siempre. Es el pilar y se disfruta mucho más todo.

Y veo que le gusta disfrutar la ganadería con la familia y también con amigos…
Exactamente. Esta es una actividad que origina amistades. Justo le venía diciendo ayer a mi nuera que esta actividad tiene la ventaja de la amistad. No es lucrativamente la mejor, pero te permite una vida de contacto, de amistades, de lo social, que cada dos meses o tres meses te vas encontrando en algún evento. Por ejemplo con Quique Mouremble nos conocemos desde el año ´71, así que tenemos una amistad de 60 años, y hoy hay que disfrutar de esas cosas.

¿Algún sueño que le quedó pendiente en la vida?
No, no. Más no puedo pedir, tengo la suerte de haber tenido siempre salud, de tener hijos hermosos, nietos, trabajar o haber trabajado en lo que me gusta, así que todo todo más que bien.
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Por Darío Fariña. En la Expo Otoño de Azul, campoindustria.com estuvo auspiciado por: Asociación Argentina Criadores de Hereford, Sociedad Rural de Azul, y las cabañas San Marón, Jotabe, La Camila, Doña Angélica, La María, Los Naranjos, Santa Cecilia, Santa María, San Antonio y La Trinidad.

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